Hueco de Montserrat
o CIRCO DE MONSERRAT
_Con
el propósito de levantar un circo aunque para corridas de menos jerarquía,
de sólo novilladas, el maestro carpintero Raimundo Mariño presentó en 1790
el proyecto de construir una plaza de Toros en terrenos baldíos del
"hueco de Montserrat" que posteriormente una parte de ellos formaron la
plaza Moreno, en la actualidad absorbida por la Av. 9 de Julio.
Huecos se
llamaba a los predios sin edificación.
_Ese baldío había sido adquirido por varios vecinos en el año 1781 con el
propósito que alli se estableciera una plaza que sirviera de Mercado.
Esa
plaza
contaba con
capacidad para dos mil espectadores y comenzó a funcionar a principios de
1791.
_Se dispuso la construcción de burladeros para seguridad de los que
bajaran a la arena y podían alquilarse palcos por dos reales y por la
mitad, gradas y tendidos. Las reuniones se hacían los días lunes y
feriados de un solo precepto, quedando vedados los meses de enero y febrero
para no apartar a las gentes de los
trabajos de la siega. Un callejón entre las casas de Lezica, Las Heras,
Piñero y
Lorea,
de la calle Montserrat a la plaza, hacía de toril. La
prosperidad que se prometían los vecinos al construir la plaza
de toros, se había desvanecido por la desvalorización del barrio.
La primera corrida formal:
Se realizó
en 1793, mientras que las oficiales y las de los domingos se seguían
haciendo en la Plaza Mayor. No todas las corridas ostentaban la necesaria
fiereza, ni todos los toreros la valentía que requería aquella fiesta
brava.
Un informante de hace casi dos siglos nos recuerda una realizada el año 1794 que sólo fue prestigiada por la presencia del Virrey
don
Nicolás Arredondo,
que
fue quien
autorizó la construcción del Circo.
El maderamen del circo crujía por las noches poblando de presagios agoreros
el ánimo de los vecinos inmediatos.
Ocultos en las galerías, infinidad de malhechores atacaban con piedras, para
luego despojar a aquellos que se aventuraban a pasar por allí desde la caída
de la tarde. De día los toros y caballos muertos que permanecían en el sitio
apestaban el ambiente y las reses bravas escapadas muchas veces provocaban
la carrera y el alboroto de los enlazadores. Ya por entonces la calleja que
hacía de toril recibía el merecido nombre de *calle del pecado*. Pronto la
picaresca se extendió también a las casitas fronteras a la plaza, con
ventanas como gateras y puertas macizas que se abrían directamente sobre los
aposentos, propias para ser habitadas por gente pobre; la que pronto dejó el
lugar a otros elementos que nunca pagaron alquiler, concediendo raras veces
al dueño la gracia de devolver las llaves a la hora de partir.
Los
vecinos al verse tan perjudicados ofrecían además la suma de quinientos
pesos para construir el mercado que pretendía Las Heras en 1781. La
petición, formulada por don Matías de Chavarría como apoderado, estaba
también firmada por Justo Pastor de Lezica, Martín Joseph de Altolaguirre,
Juan Bautista de Mujica, doctor Domingo Antonio de Zapiola, doctor Mariano
Medrano y otros vecinos de fuerte influencia.
Esta precaria construcción subsistió hasta 1799 que el virrey Aviles
motivado por las quejas de los vecinos la manda a demoler.
El Virrey dictó un auto el 27 de octubre de 1799, disponiendo que la
demolición comenzara el miércoles de ceniza del año venidero. Con el
nacimiento del siglo XIX el barrio vio con alivio la desaparición definitiva
del circo levantado por Mariño. Se habían cumplido ya 114 corridas que
dejaron 5.700 pesos para los contratistas y 7.296 para la obra del
empedrado.
Montserrat
restañó dificultosamente las heridas infligidas por el circo en su
tranquilidad y progreso, y se aplicó a la construcción de la plaza prevista
para mercado mientras la gente de mal vivir se marchaba, sin ser lamentada,
hacia el barrio del Retiro, donde se construyó un nuevo circo, escenario
poco tiempo después, durante las invasiones inglesas, de hechos cruentos
también, pero más gloriosos.


La primera corrida que tuvo lugar
en nuestra ciudad se realizó en 1609 en la
Plaza Mayor, donde se
siguieron levantando las construcciones para tal fin. Pero la envergadura y
asiduidad de esos espectáculos determinó que se levantaran dos ruedos
especiales para ello, en la Plaza de Montserrat y en la del Retiro,
abarcando el período 1790-1819. Los días de funciones eran de excitación
general y de mucho movimiento en la ciudad. La concurrencia era inmensa,
populachera, distinguiéndose a los negros, chinos, zambos, mulatos, criollos
y godos, civiles, curas y militares, todos juntos disfrutando de la fiesta.
PLAZA DE
TOROS DE RETIRO
Martin
Boneo intendente de policía fue el proyectista y constructor de la plaza de
toros del Retiro que se inaugura en 1801 y se mantuvo en pie 18 años y fue
demolida por decisión oficial. En Retiro se efectuaban las corridas los
domingos y días de fiesta. Fue situada en una parcela que hoy
corresponde al extremo sudoeste de la plaza San Martín entre las calles
Santa Fe, Marcelo T de Alvear y Maipú. El Ñato era uno de los picadores mas
famosos.
La calle Florida,
ntes llamada Del empedrado ya
a principios del siglo XVII se
convirtió en la primera calle con pavimento de piedra y ruta obligada para ir al
circo de Toros de Retiro.
La Plaza de Toros fue demolida en el año 1819 para construir en aquel
terreno los
Cuarteles de retiro.


En 1819 fue demolida la Plaza
de Toros y se construyeron los Cuarteles del Retiro
utilizando materiales de la antigua plaza de toros.
En
1812 el gobierno dispuso los cuarteles bajo el mando de José de San Martín para
el asiento de sus ganaderos y para ubicar su despacho.
La unión de la antigua Plaza de Toros con los cuarteles, hicieron del lugar
un sitio donde abundaban vendedores ambulantes, chinas cuarteleras
(prostitutas), de esta
forma el barrio adquiere el nombre de “Barrio
Recio”.
Por
supuesto que el nuevo circo era mucho más importante que el de Monserrat. Poseía una capacidad de 10.000 espectadores. Era de forma octogonal en
estilo morisco y construido enteramente de ladrillos a la vista unidos con
cal. Tenía una doble galería de palcos y gradas anchas con asientos
corridos. La barrera tenía varias puertas utilizadas como burladeros.
Además, disponía de una capilla y, por supuesto, de varios palcos oficiales,
los que eran ornamentados de acuerdo al gusto de las autoridades. José María
Peña anota "que el palco de Virrey en 1809 fue forrado en brin". Estos
palcos estaban separados unos de otros, eran cubiertos y sus puertas dotadas
de cerraduras. Como
curiosidad anotaremos que las sillas se alquilaban en el mismo circo o bien
las traían los concurrentes de su propias casas.
Gozaron
de enorme popularidad por lo que provocaban que verdaderas multitudes se
acercaran a El Retiro. Ya vimos cómo al construirse la plaza taurina se tuvo
necesidad de empedrar ex profeso, la calle Florida dotándola inclusive de la
construcción de un puente por el cual sortear el Zanjón de Matorras a
la altura de la actual calle Viamonte.
Era así
que las señoras, tras las ventanas, y la servidumbre en las veredas tomaban
parte de un espectáculo extra contemplando el paso de la muchedumbre, que
entre risotadas y comentarios llegaban a la plaza. A fin de medir la
concurrencia y lo extraordinario de ésta, tenemos que tener en cuenta que su
capacidad era de 10.000 espectadores cuando la ciudad no superaba los 40.000
habitantes. Es decir, que un 25 % se reunía a presenciar las faenas.
Si bien
inicialmente se permitía la concurrencia femenina en el demolido Circo de
Madera de Monserrat, en El Retiro la diversión fue exclusivamente cosa de
hombres. La
entrada era también popular ya que valía 15 centavos, el derecho de usar las
graderías. Claro que había otros precios: los palcos salían 4 pesos y las
filas de gradas a la sombra, 2 reales.
Uno de
ellos fue "El Ñato", un popular picador del cual dice Wilde que: "murió al
fin, después de repetidas proezas, en las astas del toro, quedando su
caballo muerto a su lado. Según Robertson (seguramente se refiere a Juan,
autor de las "Cartas de Sud América"), bien se merecía su trágico fin, pues
había sido un asesino contumaz, y lo que hay de más particular es, que su
oficio lo salvaba de la justicia". También gozaba de fama el picador José
García, "El Viejo", que aún a los 60 años se desempeñaba con eficacia.
En
la demolición del circo intervino el maestro Juan Bautista Segismundo, quien
al parecer se ocupó de emplear los materiales rescatados para la
construcción del cuartel conocido como de Artillería, erigido en la meseta
en 1823.


Hasta aquí las principales corporizaciones del modelo español, que
condicionó espacialmente el futuro desarrollo de la ciudad. Sobre esa
estructura urbana hispana vino a establecerse el modelo francés, que
transformó principalmente la resolución paisajística de acuerdo a pautas de
uso y estética, acentuándose el cambio en lo visual y en lo social.


Entre 1800 y 1910, por influencia de España, en Buenos Aires eran bastante
comunes las corridas de toros. Hubo algunos puntos de reunión en los cuales
se celebraban estos encuentros: en ocasiones especiales la actual Plaza de
Mayo, y en otros lugares había predios a tal efecto como en el barrio de
Belgrano, o en la zona de Lima y Venezuela, y en la foto que aquí se muestra
en el actual Parque Lezama en el barrio de San Telmo. Foto de Febrero de
1902. A.G.N.
PORQUE SE PROHIBIÓ?
Por el
amontonamiento de gente que producían disturbios y los vecinos de la
Iglesia solicitaron al Virrey el traslado de la plaza de toros a un lugar
que estuviera fuera de la ciudad. Así es como se elige El Retiro para instalar
la nueva plaza de toros, inaugurada el 14 de octubre de 1801.
Las
corridas en el Retiro se prohibieron en 1819 porque el general Eustoquio
Díaz Vélez las suprimió. Además ordena que la plaza fuera demolida.
En 1801 se
construyó la de Retiro.
Estuvo ubicada en el extremo S.O. de la actual plaza San Martín,
entre Santa Fe y Marcelo T. de Alvear y Maipú.
En la
parte alta tenía palcos de madera y en la baja una gradería. En las primeras
épocas sólo tomaba parte lo mejor de la sociedad de Bs As, porque era un juego
de caballeros. Pero cuando el juego cayó en desgracia, se lo dejó para los
mulatos y mestizos.
La ceremonia de presentación fue muy
interesante, al toque de clarín aparecía el alguacil quien solicitaba la llave
para abrir el toril y de este modo dar lugar a la salida al ruedo del toro.
La Plaza de Toros del Retiro era donde hoy
está la plaza San Martín, zona brava conocida como "barrio recio". La
construcción circular era un edificio de ladrillo a la vista, con palcos
de madera y gradas en la parte baja.
Albergaba a 10.000 personas,
no era poco, en una ciudad de cuarenta y cuatro
mil habitantes.
Para facilitar el acceso se empedraron las calles Florida y Maipú.
La elite y los desplazados se miraban frente a
frente, como ahora, en las tribunas. Cuando todos iban a ver los toros. Hasta
que fue prohibido, en 1819, éste fue el espectáculo deportivo que apasionaba
a multitudes en Buenos Aires.
La última corrida de toros se hizo en 1821.


Ayer y
hoy...Retiro superpuesto...la imagen redonda era la plaza de toros, hoy
plaza San Martín

En la Plaza
de Monserrat se construyó el circo (Plaza de Toros) en
1791
con un contrato por cinco años, los beneficios que produciría eran para el
empedrado de las calles. Tuvo capacidad para 200 espectadores. No concurría un
público distinguido pues se encontraba distante y enclavada en medio de
andurriales. Los vecinos comenzaron a quejarse al virrey Feliú exponiéndole
todos los inconvenientes que traía al barrio: la poca seguridad del
establecimiento permitía que escaparan animales bravíos; los malhechores
aprovechando la oscuridad de la noche y la soledad del lugar para asaltar a los
transeúntes; lo recaudado para el empedrado no era tan abundante como se había
presumido. Así por decreto se demolió a principios del 1800.


Hacia 1812 fue en ese lugar
donde se dispusieron los cuarteles para el asiento de los granaderos al mando de
don José de San Martín. Esos años de coincidencia de la plaza de toros con los
cuarteles hicieron de la zona un lugar de costumbres dudosas, con mujeres de
mala vida, y personajes de actividades sospechadas, y fue el escenario perfecto
para la marginalidad de los inicios del tango. Da marco a un conjunto urbano
histórico de gran valor arquitectónico por la magnitud de los edificios
emblemáticos que la rodean: el Kavanagh, el Hotel Sheraton, el Palacio
Anchorena, donde hoy funciona el Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto, la
embajada de Francia, entre otras, y el Palacio Paz, donde hoy funciona el
Círculo Militar. Esta plaza fue declarada lugar histórico y pertenece a la
Dirección General de Patrimonio.
Las damas preferían el teatro, la ópera
y las veladas, que eran reuniones
literarias y musicales realizadas en las
casas. Eran la ocasión ideal para
conseguir novio.
Ignacio Lucas Albarracín, sobrino de
Sarmiento, creó la Sociedad Protectora
de Animales en 1869. Inició campañas
para terminar con las corridas de toros
y la práctica del tiro a la paloma en el
país. Logró, en 1885, que las frecuentes
riñas de gallos dejaran de ser legales.
Además, en 1908 Albarracín ideó el Día
del Animal.
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